miércoles, 11 de julio de 2012

PAPEL HIGIÉNICO Y SU HISTORIA

Hay determinados periódicos o "supuestas emisoras de radio" se se les podrían catalogar así. El papel higiénico, eufemismo que sirvió para nombrar su innoble destino, fue inventado en los Estados Unidos en 1857 por Joseph Cayetty. Pero tardó en generalizarse su uso, cosa que hizo en Francia algunas décadas más tarde, donde se le consideró como refinamiento al alcance de todas las fortunas. Era natural que un artículo de aquella naturaleza conociera graciosas anécdotas. Se cuenta que cuando los zares de Rusia visitaron París en 1901, un funcionario del Departamento de Exteriores galo, llevado de su celo por hacer bien las cosas, y de su natural deseo de agradar a sus jefes, ordenó imprimir el escudo del zar en el papel higiénico que los ilustres huéspedes iban a autilizar. Afortunadamente tan grave indiscreción fue abortada a tiempo. El papel higiénico había tenido ya cierto auge en los mercados americanos, a pesar de que el primero en ser comercializado no obtuvo grandes ventas debido al desenfoque que se le dió en su publicidad, y porque se empaquetó en hojas individuales. Además, el público estaba acostumbrado y mentalizado a utilizar la prensa para aquellos menesteres innombrables. Fue en Inglaterra donde Walter Alcock intentó en 1879 replantear el asunto. Lanzó un papel higiénico en rollos, muy parecidos a los de hoy. No logró éxitos importantes debido a la moralidad victoriana, para quien era tabú hablar de ciertas operaciones fisiológicas aunque fuera muy indirectamente. Pero en los Estados Unidos, durante la misma época, no existían aquellos remilgos, y en Nueva York los hermanos Clarence y Edward Scott, de Filadelfia, perfeccionaron el rollo de papel higiénico. En 1880 los hoteles, restaurantes, edificios oficiales habían instalado modernos elementos de fontanería sanitaria en servicios y excusado. Un hotel de Boston, el Tremont House, daba importancia al hecho de ser el primero en contar con wateres de cisterna y baños en todas las habitaciones. Y por la misma época, la ciudad de Filadelfia se jactaba de ser la mejor dotada de wateres. También en el Manhattan neoyorquino iba en aumento vertiginoso la utilización de este tipo de equipamientos..., todo lo cual favoreció la implantación del nuevo producto: el rollo de papel higiénico que los hermanos Scott vendían en pequeños paquetes, envueltos en un atractivo formato para desviar las miradas y los comentarios irónicos. No se hablaba de cosa alguna que pudiera recordar el destino del artículo en cuestión, sino que se decía que estaba destinado a ser utilizado en las habitaciones más pequeñitas de la casa, que era como eufemísticamente se aludía al water. Para prestigiar el producto se habló de él como del Waldorf Tissue, y más tarde Scott tissue. Le acompañaba el reclamo publicitario, o slogan "suave como lino viejo". Sin embargo, el producto llegaría a introducirse después de muchos tropiezos. No era fácil enfrentarse al público con un mensaje adecuado. No se tardó en caer en la cuenta de que lo mejor era llamar a las cosas por su nombre, aunque de manera inteligente. ¿Cómo conseguirlo...? Se puso en boca de una niña la siguiente frase: "En casa de mi amiguita Leslie tienen una cosa preciosa, mamá, pero su papel higiénico lastima...". Y con anuncio tan anodino se multiplicaron las ventas, el producto remontó el vuelo, y se introdujo en todas las casas..., hasta hoy.

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