sábado, 24 de abril de 2010

LA EMPERATRIZ SABINA

Un libro evoca a la emperatriz Sabina, uno de los primeros casos de mujer maltratada históricamente documentado

Algo cambió en la literatura con las Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, algo cambiará en ciertas conciencias con las memorias de "la mujer de Adriano". Su autor, Manuel Francisco Reina, desgrana en La emperatriz amarga (Roca Editorial), la tortuosa relación del matrimonio. El retrato de la vida cotidiana de aquella época ofrece perfiles de mujeres obligadas por educación a la sumisión o la intriga –en el caso de Sabina incluso al asesinato–, un tema no tan ajeno a nuestra realidad.

Veneno. La emperatriz consorte murió en el año 136, tal vez envenenada por Adriano / Archivo
Memorias de la mujer de Adriano
"Yourcenar es una escritora imprescindible –al menos para mí– que revolucionó la concepción de la novela histórica con Memorias de Adriano o Opus Nigrum, que yo prefiero", apunta Manuel F. Reina, autor de La emperatriz amarga, esposa de Adriano. "Comparto con Yourcenar la misma fascinación por aquel tiempo. Pero es curioso cómo muchos historiadores han creído real su personaje, cosa que ella misma explicaba, bromeando, en sus entrevistas y cuadernos".
Para Reina, la escritora apuesta por un aspecto de la vida de Adriano como álter ego de su padre, "al que no puede poner en tela de juicio porque sería faltarle al respeto", mientras él apuesta por los personajes ensombrecidos por "aquel hombre complejo y violento".
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Sabina no había cumplido aún los doce años cuando la obligaron a casarse con Adriano, su primo, de veintitrés. Vibia Sabina Augusta, hija de la noble Matidia la Menor y nieta de Marcia, sobrina nieta del emperador Maco Ulpio Trajano Augusto, parece que fue una mujer tan fuerte como infeliz. "A pesar de ser continuamente maltratada por su esposo –explica el autor– nunca se arredró. Le hacía frente".

La violencia contra las mujeres no es patrimonio de nuestros días; no es que Sabina sea la primera, pero encarna el prototipo. Manuel Reina indica otros casos, desde las tradiciones orales sobre la poeta Safo –maltratada por su marido, al que abandona para fundar una academia en Lesbos– hasta la esposa del emperador Augusto, Livia. "Pero la emperatriz Sabina es la primera de la que existen varias fuentes, como la Historia augusta o De viris ilustribus (Sobre los hombres ilustres), de Suetonio". Allí es donde se dan datos concretos y testimonios y donde se pone en su boca que "tomaba bebedizos y abortivos, porque le horrorizaba la idea de quedar embarazada de quien ella llama monstruo".

La emperatriz Sabina fue una de las mujeres más queridas de la capital romana, mientras su esposo, uno de los emperadores más odiados, no le concedió ningún nombramiento de honor. Fue el Senado, en ausencia de él, quien la nombró emperatriz. "De ahí la idea inicial del libro, tras comprender cuántas mujeres valiosas como ella habían sacrificado sus vidas y habían sido silenciadas a la sombra de figuras del poder", explicita este licenciado en Filología Hispánica, nacido hace 36 años en Jerez de la Frontera.

Siglo II. Le faltan unos meses para morir y, consciente de ello, el emperador Adriano se presenta en los aposentos de su esposa, la emperatriz Sabina, conminándola a escoger: o se suicida o será ejecutada por orden suya. Adriano ha descubierto un secreto innombrable en el que ella está involucrada. Hace años que no ocultan sus desavenencias y odios. Ella ni siquiera huye. Acata la imposición marital, prepara la copa de vino con amarga cicuta y llama a su confidente, Julia Balbila, su cronista.

Se sabe que Adriano, Sabina y Antínoo, el joven del que estaba ciegamente enamorado Adriano, coincidieron y viajaron juntos a Egipto y Alejandría. Pero también Antínoo fue su víctima, "Antínoo sufrió, aunque el emperador le dedicara ciudades".

Sabina fue incinerada y sus restos fueron trasladados, según descripción de Reina, en una sencilla urna de alabastro, al mausoleo de Adriano. Murió su hijo Lucio Elio y a los seis meses el propio Adriano, "aquejado de terribles dolores y pesadillas, fruto de su enfermedad y conciencia, con la que –todos dicen– no se fue en paz".

La lección social que extrae el autor es que en conflictos emocionales, familiares, políticos, temores, deseos y necesidades "no hemos cambiado nada en tantos siglos. Que el odio nos conduce a convertirnos en lo que odiamos. Eso y que la capacidad de empatía y superación de algunas personas como Sabina, hombres y mujeres, nos hacen mejores a los humanos y capaces de cambiar algunas cosas". "Estaba horrorizada por la idea de quedar embarazada de quien ella llama monstruo", según Suetonio

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