domingo, 7 de febrero de 2010

LA DOBLE CRISIS DE LA ONCE


La ONCE ha comenzado a reducir plantilla, cerrar quioscos y oficinas para combatir la fuerte caída del negocio. Para 2010 prevé la retirada del 50% de los puestos menos rentables. Por Begoña P. Ramírez
Ni los juegos de azar escapan al decaimiento general que está causando la crisis. Hasta el punto de que el desplome del gasto en loterías y cupones amenaza con desnaturalizar a uno de sus históricos y mejor intencionados explotadores: la ONCE. Creada para «proporcionar un trabajo digno a las personas con discapacidad visual» y ampliado después su manto protector al resto de las minusvalías, la ONCE sufre desde 2000 un descenso continuado de ventas que está poniendo en apuros el sólido y rentable edificio levantado por los ciegos en los últimos 70 años.
La propia ONCE reconoce que sólo este año los ingresos por ventas han caído un 6% respecto al anterior. Desde 2000, cuando facturó por este concepto 2.432,28 millones de euros, el descenso llega al 18,8%. Según el Informe Anual del Juego en España, que elabora el Ministerio del Interior, la cuota de mercado de la ONCE en 2000 era del 9,68%, mientras que las Loterías y Apuestas del Estado (LAE) ocupaban un 27,63% de la tarta. E l 62,94% restante correspondía a casinos, bingos y máquinas recreativas. Ocho años después, la cuota de la ONCE es del 6,50%, tres puntos menos, mientras que las loterías públicas han subido al 31,10% y los juegos privados se quedan en el 62,40%.
Es decir, el desplome no se puede atribuir sólo a la crisis -que no ha tocado ni a las LAE ni a al juego privado-. Por el contrario, arranca en plena euforia económica y es multicausal. «La única solución [a la caída de ventas] que se le ha ocurrido a la dirección de la ONCE desde 2003 es ofrecer un nuevo juego y luego otro y otro», explican fuentes conocedoras de la organización de ciegos, que describen esa gestión como una política de «parches».
Los quioscos de la ONCE venden ahora no sólo el tradicional cupón de sorteo diario, sino también el de tres sorteos extraordinarios, más otros tres cuatrimestrales, así como el cuponazo y el cupón de fin de semana (juegos pasivos); el 7/39 (que sustituyó al Combo y se considera un juego activo), y los Rascas (o lotería instantánea). Para 2010, la organización quiere, además, extender la venta de juegos a través de internet y los móviles. Según la ONCE, el mayor problema lo sufren los juegos activos (-10,6%), y la lotería instantáne a (-27%), mientras que el tradicional cupón se mantiene (-0,1%).
Para frenar la caída de ingresos, la ONCE ha puesto en marcha lo que ellos llaman «políticas de reducción de vendedores con baja rentabilidad» y CCOO y CSI-CSIF, «despidos» y «extinción» de contratos temporales. Según CCOO, sólo en el último año la ONCE ha reducido su plantilla de vendedores en 603 personas y la de no vendedores, en más de 300 (incluidas jubilaciones, más de un centenar de despidos objetivos y al menos 11 disciplinarios). Desde 2001, cuando el número de vendedores era de 22.923 en toda España, la organización ha perdido 1.167 de estos trabajadores. Traducido a euros, el sindicato calcula que el ahorro de masa salarial supera los 200 millones.
«Yo no lo llamaría ajuste de plantilla. Digamos que nos estamos apretando el cinturón», responde un portavoz. «Si alguien no es rentable», explica, «se audita su ubicación, formación y horas de trabajo; después se le puede cambiar de sitio o incluso darle otro trabajo fuera de la venta». CCOO lo niega: «No dan otro trabajo que no sea la venta, donde de hecho es más fácil colocar a la gente. No hay otros puestos de trabajo», asegura.
Sin embargo, el anteproyecto de presupuesto para 2010 incluye como objetivo estratégico el alza de ventas a través del aumento de la productividad de la plantilla. Para ello, dice el documento, la organización deberá ser «especialmente exigente» respecto a «vendedores interinos y temporales, adoptando las medidas que sean precisas y dándoles de baja como vendedores de la ONCE si no alcanzan los mínimos de venta exigidos en cada momento».
El anteproyecto también prevé «la retirada de al menos el 50% de los quioscos no rentables», aquéllos qu e no alcancen una venta semanal de 2.390 euros. Según explica la responsable de CCOO en la ONCE, María Ángeles Arribas, la media de ventas en Madrid es de 1.800 euros. El portavoz de la organización la sitúa, en cambio, en 2.500 euros. Y asegura que no se quitará el quiosco a ningún ciego, tan sólo reubicarlos en mejores emplazamientos.
Otra medida de ahorro prevista es el cierre de agencias administrativas, de las que había 270 en 2001 y ahora quedan 175. A 31 de diciembre desaparecerán las de Ávila y Zamora. El mismo portavoz señala, sin embargo, que sólo se están cerrando las de poblaciones pequeñas como Puertollano, Medina del Campo, «algún pueblo de Burgos y otros de Andalucía y Cataluña», y que no se va a despedir a ningún trabajador: se prejubila o se reubica. No obstante, el anteproyecto de presupuestos dice que se van a «amortizar los puestos de trabajo que han dejado de ser productivos como resultado de, entre otras [medidas], la reducción de agencias en marcha».
Tanto para CCOO como para la Plataforma Unitaria de Encuentro para la Democratización de la ONCE (PUEDO), que dirige Miguel Durán (presidente de la ONCE entre 1986 y 1993), todas estas medidas integran una «política claramente antisocial» y «economicista» que «desvirtúa el fin social de la ONCE»: dar trabajo a los discapacitados. «Le está n quitando el empleo a un ciego que, por los Estatutos de la ONCE, tiene derecho a la venta», concluyen.
Aunque no es todo. El convenio colectivo para los próximos tres años, firmado sólo por UGT, crea una doble escala salarial. Los trabajadores nuevos cobrarán desde ahora un 70% menos que los senior. El salario base de un vendedor junior se queda en 657,45 euros al mes, mientras que el de los antiguos es de 939,22 euros. Según CCOO, en octubre se rescindieron 128 contratos para renovarlos después con un sueldo base inferior. La dirección, que lo niega, esgrime que ese mes se firmaron 57 contratos indefinidos. «El 80% de la plantilla de la ONCE», destaca su portavoz, «es fija».
«La venta del cupón se justifica precisamente en que crea empleo directo», asegura Miguel Durán. Inocencio Rial, miembro de la ejecutiva de CCOO de Madrid e histórico representante sinidical en la ONCE, es mucho más duro: «Antes se veía la venta como un coste social: aunque el ciego no vendiera, se le pagaba. Y, de hecho, el único trabajo generalista de la ONCE es la venta. Ahora, la ONCE va a acabar con los ciegos, que se han convertido en una carga. Es mucho más barato el estanquero o el quiosquero».
Lotería también en los estancos y gasolineras
La ONCE va a crear una «red complementaria de ventas» que permitirá comprar tanto el 7/39 como los Rascas en estancos, gasolineras y quioscos de prensa. La unión temporal de empresas integrada por Logista y la multinacional estadounidense del juego Gtech Global Lottery distribuirá las máquinas. «Así se pierde la identificación entre juego, premio y labor social», dicen las fuentes de la ONCE. CCOO y PUEDO aseguran, además, que esa red quitará ventas a la tradicional. Es el miedo de Francisco, que echa «hasta 10 horas diarias» en su quiosco de la calle Princesa de Madrid y alguna más en otro puesto en Majadahonda, para reunir al mes 1.800 euros. Salvador lleva con el cupón sólo desde mayo. Tras 30 años como informático, la degeneración macular le abocó a la incapacidad. Tiene un contrato de un año, por lo que le cambian de quiosco cada pocos días. Y, con comisiones, no supera los 1.200 euros al mes: «Hay que vender mucho para sacar
un buen salario. Conozco gente que ni libra».

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