miércoles, 17 de octubre de 2012

CUBO DE LA BASURA

La historia que voy ha contar a continuación podría ser el significado de la vida de muchos y para otros utilizarlo como para lo que es; tirar la basura. La basura es una de las consecuencias más desagradables de la civilización. Sabemos que el hombre antiguo sólo generaba residuos orgánicos que la misma naturaleza eliminaba con facilidad. En los basureros del Neolítico se ha hallado desperdicios sólidos como anzuelos, puntas de lanza rotas, elementos ornamentales, etc., ubicados siempre en acantilados y ribazos alejados del habitat. El problema de cómo habérselas con la basura es muy reciente. En tiempos históricos el hombre se deshizo de ella arrojándola a los ríos o al mar, y cuando ello no era posible, se abandonaba en el campo lejos del poblado, en muladares que con el tiempo se convertían en focos de infección y origen de plagas que se encargaban de transmitir las ratas que los habitaban. No se pensó en hacer algo al respecto de tan malsana costumbre hasta el día 7 de marzo de 1884. Aquel año, el prefecto de la ciudad de Grenoble, Eugenio Poubelle, más tarde prefecto de París, ordenó que se colocara en la entrada de los edificios, uno o más cubos para recoger la basura que generaban sus vecinos. Por ley se mandó no disponer de los residuos de forma individual, sino que todos deberían depositarlas en aquellos recipientes. Tan sabia disposición municipal no sólo gustó, sino que fue ponderada e imitada por otros. El caso fue que el apellido del prefecto se convirtió pronto en sinónimo de cubo de basura, y todo el mundo comentaba cuán útil era poseer un poubelle en casa. Junto a esta medida, el mismo prefecto ordenó que se organizara un cuerpo de recogedores de basura urbana, cuya presencia se haría advertir mediante el toque de corneta. Estos operarios municipales dispondrían de grandes volquetes en los que transportaban la basura a un lugar alejado de la ciudad, decidido de antemano. Mientras esto pasaba en Francia, en la mayoría de los países europeos, la forma habitual de deshacerse de la basura era arrojarla por la ventana, o abandonándola en las afueras, en los muladares a la entrada de las ciudades. En 1912, sin embargo, se colocaron basureros públicos controlados. Un paso importante que aportaría soluciones a tan espinoso problema como era el del tratamiento dado a los desperdicios y basuras, se dió en 1919 con el invento del colector de basura, sistema que mediante tubos de cemento la conducía al exterior de los edificios, donde era recogida en grandes contenedores. En 1929 se perfeccionó el sistema, apareciendo la famosa "pila trituradora" de la basura, o garbage disposal, artilugio mediante el cual se trituraban los desperdicios en el mismo fregadero merced a una serie de hélices, conduciéndolos por el desagüe al alcantarillado público. A este aparato se le aplicó pronto un motorcillo eléctrico, y en 1938 eran ya cientos los hogares que lo utilizaban en Norteamérica. Cuando en 1959 llegó el invento a Europa, la casa Thomson, su fabricante, había vendido ya más de cien millones de unidades en todo el mundo. Sin embargo, la basura tratada de esta manera era una mínima parte. Todos sabemos que de los más de treinta kilogramos de desperdicios que genera un ciudadano occidental sólo una mínima parte, en torno al 5%, es basura orgánica. ¿Qué hacer, pues, con el volumen ingente de la basura restante"? Es un problema que habrá de encontrar solución pronto, antes de que nos encontremos todos viviendo en el interior de un gigantesco cubo de la basura.

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