jueves, 15 de enero de 2026
FIN DE SEMANA DE 10 (II PARTE)
En este 2026, recién estrenado, vengo a contarte la segunda parte de aquél fin de semana de diez que pasé por Valencia, aquél gran fin de semana en el que fuí a ver al Athletic club al Ciudad de Valencia, su victoria, el caótico viaje de ida, la gran atención en el hotel ILUNIÓN AQUA 4 y me faltaba el domingo, ese día que tuve la suerte de conocer "EL OCEANOGRÁFICO" cárcel animal para algunos, centro de ocio para otros, pero para los más, un lugar marabilloso e interesante dónde poder saber más sobre las especies marinas y sus habitantes dónde se puede ver en toda su magnitud el tremendo mundo marino y un sin fin de especies animales.
Antes de continuar, decir que es todo un negocio con tiendas con unos precios abusivos, restaurantes caros y la propia entrada, no apta para todos los bolsillos pero un lugar que sin duda, si pasas por Valencia, es de obligado paso ya que disfrutas, aprendes y te sorprendes.
Comenzaba mi jornada en el desayuno buffet del hotel y una vez más, quedé sorprendido por la atención recibida. camareros atentos en todo momento ayudandome a identificar dónde se encontraban los platos, los vasos el zumo o el café. Pero lo que más me llamó la atención, es que al entrar y dar el número de habitación, una servicial camarera, me hizo un pequeño "tour" por el salón indicandome la especialidad de la casa, dónde se encontraban los dulces y lo salado y el apartado siempre rico y delicioso de comida valenciana. Digno de un 5 estrellas siendo sólo de 4.
Me puse en camino desde el hotel hasta el oceanográfico, un corto pero agradable paseo en el que me surgió otra pregunta. El parque que lleva hasta el centro, era el cauce del Río Turia, desviado por la gran riada de 1957 es hoy conocido como el Jardín del Río TURIA. ¿Cómo le de al agua volver por su recorrido original? habría un gravísimo problema. La verdad es que ese detalle no me gustó y supongo que si los expertos lo hicieron así, será por algo pero yo lo veo un peligro...
Tras esta reflexión llegué al Oceanográfico y suerte de los que tenemos discapacidad, no hice la cola y pasé a un lugar preferente. Tras solicitar información y la ayuda necesaria, pasé al gran lugar. Al principio y si nunca has ido, te resulta un tanto lioso y difícil pero luego cuando ya estás en pleno paseo, te terminas acostumbrando y le coges enseguida el truco.
No seguí un orden claro pero si me dejé atrapar por las múltiples especies marinas de todos los mares y océanos de la tierra. Una explicación lógica del por que la tierra no es plana, para los más malitos de la cabeza que así lo creen, las temperaturas, las especies, las subespecies.
Me andaba moviendo por el parque cuando me metí en el pabellón del antártico y entre otras muchas curiosidades, pude ver a los pingüinos, de la familia de las aves. Estaba lleno ya que es una de las zonas más solicitadas por el público infantíl. Por allí estuve andando y trasteando con las diferentes especies y pude ver muy de cerca a estas aves aparentemente de andar torpe, pero expresión simpática. En la tienda estratégicamente instalada, encontré peluches gigantes de pingüinos, llaveros, camisetas, bolígrafos... pero a un precio desorbitados nada recomendables. Creo que podrían vender más si bajaran los precios.
Otro de los sitios que resaltaré es el restaurante submarino, que me quedé con ganas de degustar su magnifica carta ya que había que reservar y yo no lo hice. Pero lo poco que pude ver, parecía demasiado espectacular. Mesas al borde de las gigantes ventanas con los peces y resto de fauna marina por ahí. Lo que si me fijé nuevamente, es el elevado precio. Quizá para otra ocasión y por quitarme el mono de comer ahí, puede que me dé un capricho.
Una de las zonas que también más me gustó y no muy visitada por cierto, es la zona de veterinario. Dónde curan y observan a los diferentes animales. Un sitio increible para visitar.
El túnel que pude encontrar y ver el agua, las plantas, los peces sobre tu cabeza, casi 360 grados, es otro sitio espectacular, muy fotografíado y valorado por los asistentes. Por cierto, mucho turista de habla no hispana, visitaban aquél lugar tan fascinante y recomendable. Además de su accesibilidad en el idioma, también estaba preparado para personas con baja visibilidad y también para personas con movilidad reducida.
la visita en general me gustó mucho y la valoraré con un 9 alto, ya me gustaría que en el istituto me hubiesen evaluado una asignatura con esa pedazo de nota :)
El colofón a la visita, lo puso el delfinario. Antes de describiros lo que allí pasó, decir que el sentimiento que me despertó el espectáculo, fue de ganas de llorar. Que nobleza, que sentimiento, que inteligencia, que bondad respiraba el ambiente. Más inteligentes que los seres humanos según definen los expertos cosa nada difícil últimamente viendo lo que está pasando en todo el mundo. Que gozada de espectáculo, que saltos espectaculares, que juegos, que inocencia, que bonito! Unos animales que están mejor cuidades que nosotros. Cuando finalizó el evento, nos dejaron acercarnos ligeramente al gran estanque dónde viven y desinfectarnos el calzado para no contaminar el entorno y pude preguntar que a que temperatura se encontraba el agua. La chica encantada de resolver nuestras preguntas, dijo que se encontraba a unos diecinueve grados y que el agua casi siempre está a esa temperatura debido al clima valenciano. A la salida si pique en la bonita tienda y me traje unos llaveros de recuerdo y una botella reutilizable con delfin como decoración. Realmente cara pero realmente bonita.
Y antes de terminar mi visita, comí en un restaurante del parque. Buen servicio, buen ambiente y como no, buena paella! ¿Cómo no iba a terminar un fin de semana de diez en Valencia sin probar su plato estrella? y aunque las he comido mejores, esta no estaba mal del todo. Un festín para cerrar un fin de semana muy entretenido. Y si os soy sincero, volveré a la tierra de mi madre y de mi abuelo. La tierra de la horchata, la paella y la naranja.
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