sábado, 8 de septiembre de 2012

DESCANSO

Durante todo el mes de Agosto, he estado ACTUALIZANDO TODOS LOS DÍAS con historias de objetos que se utilizan en verano y alternando con otros con los que se pueden utilizar todo el año. Entro de nuevo en el blog, para decir que me voy ha tomar un breve descanso ya que estoy ultimando los detalles de la nueva temporada de "TARDE DE DOMINGO" que se puede escuchar en www.radioraton.com y preparando un nuevo programa de el cuál ya os hablaré en su tiempo. Son las 2 y 30 de la madrugada en España, momento en el que me encuentro escribiendo este post ya que como os he dicho, estoy perfilando las novedades para los programas que llevo "MÁS QUE FÚTBOL" y "TARDE DE DOMINGO" junto con el otro que ya os diré. Además, estoy buscando nuevo contenido para este blog y retomaré la activiadad laboral en pocos días de nuevo. Como véis, muy liado. Pero serán pocos días ya veréis por que quiero entrar para hablaros de lo que me ha emocionado de verdad este verano. Además de una carta que tengo escrita para el desaparecido CD Móstoles. En definitiva UN DESCANSO... Hasta muy pronto!

miércoles, 5 de septiembre de 2012

BICARBONATO

Coincidiendo con lo que hubiese sido el último post de agosto, La historia del bicarbonato para evitar posibles mareos de la vuelta a casa... ¿Quién no ha experimentado alguna vez el malestar y problemas de una mala digestión? Nadie. Sin embargo, la frecuencia de este trastorno es hoy muy inferior a lo que fuera en otras épocas. Así, el hombre primitivo, debido a su dieta en alimentos crudos, padecía gravísimas indigestiones y trastornos gástricos que a menudo acababan con su vida. No sorprende, pues, que uno de los priMeros objetivos de la Medicina antigua fuera paliar tan terribles estragos. De hecho, entre los primeros documentos médicos hallados, en escritura cuneiforme, sobre tablillas de barro cocido, se da fe de cuán abundante era el problema entre los asirios y sumerios de hace más de cinco mil años. Los primeros antiácidos, remedio contra la indigestión o acidez de estómago, se elaboraron a base de sustancias alcalinas. Con anterioridad a este hallazgo empírico, los médicos del mundo antiguo recomendaron consumir hojas de menta piperita, o leche. En ausencia de esas sustancias, los carbonatos podían paliar el problema. Se sabía ya que estos remedios inhibían la producción de pepsina, poderoso componente del jugo gástrico, culpable de la irritación de las mucosas del estómago. Entre los sumerios, lo frecuente era recetar bicarbonato de sodio, remedio casero que se ha venido utilizando desde la Antigüedad, y siempre de manera eFicaz. Así fue al menos hasta el año 1873, en que apareció la llamada "leche de magnesia Phillips", invento de un químico aficionado norteamericano, Charles Phillips, fabricante de velas y cirios de iglesia. El curioso personaje combinaba para la obtención de su famosa "leche" un antiácido en polvo y la magnesia laxante. Suponía un verdadero y revolucionario logro, ya que sus efectos positivos eran casi automáticos: tomado en dosis pequeñas calmaba las molestias estomacales. Así fue como el reinado de la leche de magnesia del señor Phillips llegó indiscutido hasta el año 1931, en que otro compatriota suyo descubrió el Alka-Seltzer, cuyas pastillas servían para todo: la gripe, el dolor de cabeza, los mareos, la acidez de estómago..., e incluso se dijo que podía dar nuevos bríos a la masculinidad decaída. Con anterioridad a ambos inventos, el francés Valentín Rose había descubierto en 1801, el bicarbonato de sosa. Rose dió con ello observando que muchas aguas minerales, como las de Vichy, donde él acudía, eran ricas en ácido carbónico. No tardó Rose en constatar que aquél era un producto indicado como antiácido, y que además tenía virtudes tonificantes que si no curaban la enfermedad, al menos paliaban sus efectos negativos, reconstituyendo la lozanía perdida, y devolviendo la vitalidad. Pero como hemos dicho antes, fueron los Alka-Seltzer los que se llevaron el gato al agua en el primer tercio de nuestro siglo. Entre los componentes del revolucionario hallazgo estaba también la Aspirina. El producto llegó a oidos del director de los laboratorios Miles, Hub Beardsley. El personaje en cuestión sufría graves indigestiones debido a la gula, por lo que decidió llevar consigo las famosas tabletas en un crucero. Y en las tabletas encontró la solución a su problema, por lo que se convirtió en el apóstol del nuevo producto, propagándolo en campañas publicitarias masivas, de modo que ya en 1933 el antiácido en cuestión era conocido y utilizado por todo el mundo. Su popularidad fue en aumento, sobre todo a partir de 1970, en que se retiró de su fórmula uno de los ingredientes: la Aspirina. Entre los nuevos ingredientes químicos de los antiacidos, como el aluminio, el bismuto, el fosfato, el magnesio y el calcio..., uno queda, la leche en polvo, que sigue utilizándose como elemento componente de la fórmula nada menos que desde la Antigüedad.

jueves, 30 de agosto de 2012

BIBERÓN

Mañana acaban las historias de... en alguna ocasión las retomaremos otra vez. De momento, ha sidfrutar de las dos últimas la de hoy y la de mañana. Hoy con el biberón... ¡Curiosa historia, la del biberón... ! Aunque su uso es muy antiguo, no estuvo demasiado generalizado, en parte porque la lactancia materna, o mediante nodrizas o amas de cría, gozó siempre de gran predicamento. El historiador alemán Karl Fuengling, de Colonia, poseyó una colección de biberones entre cuyas piezas más valiosas -tenía más de mil en sus anaqueles- mostraba con orgullo un biberón con más de tres mil años de antigüedad. El biberón es pues, muy antiguo. En la Roma clásica existieron pequeños recipientes o vasijas con dos orificios, en cuyo interior se contenía la porción de leche que el lactante consumía en un día. Como la lactancia materna terminaba tarde, también el uso del biberón se prolongaba durante más tiempo de lo que hoy nos parece normal. Algunos se resistían a dejarlo, y eran por ello llamados "mamotretos", cuya etimología es claramente la de "apegados al pecho, o colgados a la teta". Los niños a los que se destetaba tarde recibían ese nombre, y a menudo, para consolarles del pecho perdido, se les ponía en la boca una tetina de ubre de vaca desecada llamada "mamadera", o un chupete. En la Edad Media se utilizaron unos vasitos de barro que colgaban del cuello del lactante, y en cuyo interior había una cantidad de leche con licor de azúcar. Se conservan algunos ejemplares curiosos de este artilugio, procedentes del siglo XIV, en forma de barrilitos con dos asas por las que pasaba un cordón. Los biberones antiguos tenían, en algunas partes del Mediterráneo, la forma de un botijito de orificios muy estrechos. Parece que tanto el botijo como el biberón tuvieron un origen similar. Hasta el siglo XVIII, el biberón o tetina estaba formado por una tira de tela de algodón enrollada, uno de cuyos extremos se mojaba o empapaba en la leche contenida en el interior de un recipiente, mientras el otro extremo, que el bebé se llevaba a la boca y succionaba, asomaba al exterior por otro orificio muy angosto. A mediados del siglo XVI, Enrique II de Francia dio un impulso importante al biberón. Creó la fábrica de Saint Porchaire, donde se fabricaron biberones que alcanzaron la consideración de obras de arte. Eran ejemplares de cerámica o de porcelana finísima, decorados con todo tipo de filigranas y lindezas. En el Louvre se conserva un precioso biberón llamado "de Enrique II". En tiempos de Miguel de Cervantes, en los siglos XVI y XVII, había en Castilla biberones de esponja, y también de cuero remojado. Pero el más eficaz estaba todavía hecho con ubre de vaca. El biberón de goma, así como el chupete, no empezarían a utilizarse hasta el siglo pasado. Un sistema de lactancia muy popular fue la botella de cristal con pezón de goma; también los llamados modelo Darbot, que adaptaban al cuello de cualquier vaso un tapón de madera de boj atravesado por un canal en espiral, en cuya parte superior había un tubito de marfil que se coronaba con un pezón de corcho

miércoles, 29 de agosto de 2012

AIRE ACONDICIONADO

En pocos días, terminará Agosto y con él, los especiales de historias de... tengo previsto publicar dos o tres cosas para Septiembre y el resto de tiempo, digamos como tomarlo de vacaciónes. Pero através de facebook os mantendre informados. En la antiguedad, los egipcios ya utilizaban sistemas y métodos para reducir el calor. Se utilizaba principalmente en el palacio del faraón, cuyas paredes estaban formadas por enormes bloques de piedra, con un peso superior a mil toneladas. Durante la noche, tres mil esclavos desmantelaban las paredes y acarreaban las piedras al Desierto del Sahara. Como el clima desértico es extremoso y la temperatura disminuye a niveles muy bajos durante las horas nocturnas, las piedras se enfriaban notablemente. Justo antes de que amaneciera, los esclavos acarreaban de regreso las piedras al palacio y volvían a colocarlas en su sitio. Se supone que el faraón disfrutaba de temperaturas alrededor de los 26° Celsius, mientras que afuera el calor subía hasta casi el doble. Si entonces se necesitaban miles de esclavos para poder realizar la labor de acondicionamiento del aire, actualmente esto se efectúa fácilmente. Lord Kelvin En 1842, Lord Kelvin inventó el principio del aire acondicionado. Con el objetivo de conseguir un ambiente agradable y sano, el científico creó un circuito frigorífico hermético basado en la absorción del calor a través de un gas refrigerante. Para ello, se basó en 3 principios: El calor se transmite de la temperatura más alta a la más baja, como cuando enfriamos un café introduciendo una cuchara de metal a la taza y ésta absorbe el calor. El cambio de estado del líquido a gas absorbe calor. Por ejemplo, si humedecemos la mano en alcohol, sentimos frío en el momento en que éste se evapora, puesto que absorbe el calor de nuestra mano. La presión y la temperatura están directamente relacionadas. En un recipiente cerrado, como una olla, necesitamos proporcionar menor cantidad de calor para llegar a la misma temperatura que en uno abierto. Un aparato de aire acondicionado sirve, tal y como indica su nombre, para el acondicionamiento del aire. Éste es el proceso más completo de tratamiento del ambiente en un local cerrado y consiste en regular la temperatura, ya sea calefacción o refrigeración, el grado de humedad, la renovación o circulación del aire y su limpieza, es decir, su filtrado o purificación. En 1902, el estadounidense Willis Haviland Carrier sentó las bases de la refrigeración moderna y, al encontrarse con los problemas de la excesiva humidificación del aire enfriado, las del aire acondicionado, desarrollando el concepto de climatización de verano. Willis Haviland Carrier Por esa época, un impresor de Brooklyn, Nueva York, tenía serias dificultades durante el proceso de impresión, debido a que los cambios de temperatura y humedad en su taller alteraban ligeramente las dimensiones del papel, impidiendo alinear correctamente las tintas. El frustrado impresor no lograba imprimir una imagen decente a color. Carrier, recién graduado de la Universidad de Cornell con una Maestría en Ingeniería, acababa de ser empleado por la Compañía Buffalo Forge, con un salario de 10 dólares semanales. El joven se puso a investigar con tenacidad cómo resolver el problema y diseñó una máquina que controlaba la temperatura y la humedad por medio de tubos enfriados, dando lugar a la primera unidad de aire acondicionado de la Historia. El invento hizo feliz al impresor de Brooklyn, que por fin pudo tener un ambiente estable que le permitió imprimir a cuatro tintas sin ninguna complicación. El “Aparato para Tratar el Aire” fue patentado en 1906. Aunque Willis Haviland Carrier es reconocido como el “padre del aire acondicionado”, el término “aire acondicionado” fue utilizado por primera vez por el ingeniero Stuart H. Cramer, en la patente de un dispositivo que enviaba vapor de agua al aire en las plantas textiles para acondicionar el hilo. Las industrias textiles del Sur de los Estados Unidos fueron las primeras en utilizar el nuevo sistema de Carrier. Por ejemplo, la fábrica de Algodón Chronicle Mill en Belmont, Carolina del Norte, que tenía un gran problema. Debido a la ausencia de humedad, se creaba un exceso de electricidad estática, haciendo que las fibras de algodón se deshilacharan y fuera difícil tejerlas. El sistema Carrier elevó y estabilizó el nivel de humedad para acondicionar las fibras, resolviendo así la cuestión. Debido a su calidad, un gran número de industrias se interesaron por el aparato de Carrier. La primera venta que realizó al extranjero fue en 1907, para una fábrica de seda en Yokohama, Japón. En 1911, Carrier reveló su Fórmula Racional Psicométrica Básica a la Sociedad Americana de Ingenieros Mecánicos. La fórmula sigue siendo hoy en día la base de todos los cálculos fundamentales para la industria del aire acondicionado. El inventor dijo que recibió su “chispa de genialidad” mientras esperaba un tren. Era una noche brumosa y él estaba repasando mentalmente el problema del control de la temperatura y la humedad. Para cuando llegó el tren, ya había comprendido la relación entre temperatura, humedad y punto de condensación. Las industrias florecieron con la nueva habilidad para controlar la temperatura y los niveles de humedad durante la producción. Películas, tabaco, carnes procesadas, cápsulas medicinales y otros productos obtuvieron mejoras significativas en su calidad gracias al aire acondicionado. En 1915, entusiasmados por el éxito, Carrier y seis amigos ingenieros reunieron 32,600 dólares para formar la Compañía de Ingeniería Carrier, dedicada a la innovación tecnológica de su único producto, el aire acondicionado. Durante aquellos años, su objetivo principal fue mejorar el desarrollo de los procesos industriales con máquinas que permitieran el control de la temperatura y la humedad. Por casi dos décadas, el uso del aire acondicionado estuvo dirigido a las industrias, más que a las personas. Máquina de Refrigeración Centrífuga En 1921, Willis Haviland Carrier patentó la Máquina de Refrigeración Centrífuga. También conocida como enfriadora centrífuga o refrigerante centrifugado, fue el primer método para acondicionar el aire en grandes espacios. Las máquinas anteriores usaban compresores impulsados por pistones para bombear a través del sistema el refrigerante, a menudo amoníaco, tóxico e inflamable. Carrier diseñó un compresor centrífugo similar a las paletas giratorias de una bomba de agua. El resultado fue un enfriador más seguro y eficiente. El nuevo sistema se estrenó en 1924 en la tienda departamental Hudson de Detroit, Michigan. Los asistentes a la popular venta de sótano se sentían mareados por el calor debido al pésimo sistema de ventilación, por lo que se instalaron tres refrigerantes centrifugados Carrier para enfriar el piso. Una multitud de compradores llenó “el almacén con aire acondicionado” y poco tiempo después fueron instalados aparatos en toda la tienda. Su uso pasó de las tiendas departamentales a las salas de cine. La prueba de fuego se presentó en 1925, cuando el Teatro Rivoli de Nueva York solicitó a la joven empresa instalar un equipo de enfriamiento. Se realizó una gran campaña de publicidad, que provocó que se formaran largas colas de personas en la puerta del cine. Casi todas llevaban sus abanicos, por si acaso. La película que se proyectó aquella noche fue olvidada, pero no el refrescante confort del aire acondicionado. La industria creció rápidamente. Muchos estadounidenses disfrutaron por primera vez la experiencia de no tener que sufrir en los cines por el calor, ya que los propietarios instalaron los equipos para incrementar la asistencia durante los cálidos y húmedos días de verano. La industria creció rápidamente y cinco años después, alrededor de 300 salas de cine tenían instalado ya el aire acondicionado. El éxito fue tal, que inmediatamente se instalaron este tipo de máquinas en hospitales, oficinas, aeropuertos y hoteles. En 1928, Willis Haviland Carrier desarrolló el primer equipo que enfriaba, calentaba, limpiaba y hacía circular el aire para casas y departamentos, pero la Gran Depresión en los Estados Unidos puso punto final al aire acondicionado en los hogares. Las ventas de aparatos para uso residencial no empezaron hasta después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, el confort del aire acondicionado se extendió a todo el mundo. El calor y el frío que sienten las personas no sólo dependen de la temperatura ambiental, sino también de la humedad y de la apropiada distribución del aire. La climatización es el proceso de tratamiento del aire que controla simultáneamente su temperatura, humedad, limpieza y distribución para responder a las exigencias del espacio climatizado. El calor es una forma de energía relacionada directamente con la vibración molecular. Cuando calentamos una sustancia, sus moléculas se mueven rápidamente, generando así una energía, el calor. Si la enfriamos, el movimiento molecular se detiene, bajando la temperatura. La humedad se refiere a la cantidad de agua contenida en el aire y está directamente relacionada con la sensación de bienestar. El aire ambiente se controla para mantener la humedad relativa preestablecida mediante la humidificación o deshumidificación del aire ambiente. Para obtener el confort deseado, es necesario que el aire sea distribuido y circule uniformemente por todo el recinto, sin producir corrientes desagradables. Por último, la eliminación de las partículas de polvo es fundamental para la salud. Conseguir un adecuado filtrado de aire es una labor básica de un equipo de aire acondicionado. Además de la comodidad que disfrutamos con el aire acondicionado en un día cálido y húmedo de verano, actualmente muchos productos y servicios vitales en nuestra sociedad dependen del control del clima interno, como los alimentos, la ropa y la biotecnología para obtener químicos, plásticos y fertilizantes. El aire acondicionado juega un rol importante en la medicina moderna, desde sus aplicaciones en el cuidado de bebés y las salas de cirugía hasta sus usos en los laboratorios de investigación. Sin el control exacto de temperatura y humedad, los microprocesadores, circuitos integrados y la electrónica de alta tecnología no podrían ser producidos. Los centros computacionales dejarían de funcionar. Muchos procesos de fabricación precisa no serían posibles. El vuelo de aviones y de naves espaciales sería solo un sueño. Minerales valiosos no podrían ser extraídos desde la profundidad de la tierra y los arquitectos no podrían haber diseñado los enormes edificios que han cambiado la cara de las ciudades más grandes del mundo. El aire acondicionado inventado por Willis Haviland Carrier ha hecho posible el desarrollo de muchas áreas tropicales y desérticas del mundo, que dependen de la posibilidad de controlar su medio ambiente.

martes, 28 de agosto de 2012

EL CAMISÓN Y EL PIJAMA: HISTORIA PARA "SOÑAR"

La historia de esta prenda íntima se remonta, en España, al siglo XV. Con anterioridad a esa fecha hombres y mujeres solían dormir desnudos. Fue prenda de uso "unisex" (permítaseme el anacronismo del término). En el caso de las mujeres, ponerse el camisón equivalía a descansar. La moda de la época era de vestidos muy ceñidos, pesados y complicados; llegar al final del día suponía un alivio. Era entonces cuando las señoras se entregaban, embutidas en sus camisones, al reposo de los estrados. Aquellos camisones eran unas enormes camisolas que arrastraban por el suelo, de ahí el aumentativo "camisón" o "camisa de dormir". Los camisones del siglo XVI lucían enormes mangas, amplias y largas, y se abrochaban por la parte delantera. Estaban hechos de lana, aunque las señoras de clase adinerada se los hacía confeccionar de terciopelo, forrados y adornados con pieles delicadas. Se distinguían, de los camisones masculinos, por el uso de encajes, de cintas y bordados. Los camisones masculinos presentaban cortes en los sobacos y en los costados. En el siglo XVIII se introdujo una novedad en la prenda femenina: el llamado negligée, ajustado, de seda o brocado, conplisados y encajes. Más que para dormir servía para mostrarse durante el día por el interior de la casa. A esta ropa femenina se unió, en el mismo siglo, el camisón masculino, más holgado, y en forma de pantalón muy amplio, idea y modelo importados de Persia, donde las habían llevado las mujeres de los harenes. Fue allí donde se le llamó "pijama", palabra que en la lengua parsi significa "ropa para cubrir la pierna". Estos pijamas eran llamativos, llenos de colorido, y harían furor en el siglo XIX como atuendo informal. Fue precisamente en esta prenda, el pijama, donde se inspiraría la feminista neoyorquina de mediados del XIX, Amelia Jenks Bloomer, a quien encantaban los pantalones, y decidió mostrarse en público vistiendo uno de ellos: habían nacido los famosos "bombachos" o "bloomers", verdadero banderín de enganche, a partir de entonces, para todas las rebeldes feministas del mundo. Esta moda no hubiera triunfado de no haberse puesto de moda la bicicleta, que destrozaba las faldas. Una frase de la famosa innovadora resultó profética: "Señoras, no hay más ropa interior que la piel, cuanto se ponga sobre ella no debe convertirse en elemento discriminador de los sexos". Así fue cómo el camisón, el pijama, la "ropa interior" en general, fue sufriendo una transformación tal que terminó por convertirse, como comprobamos en la actualidad, en "ropa exterior".

lunes, 27 de agosto de 2012

PISCINA

Son muchos los significados que tiene a lo largo de la historia esta palabra que deriva del latín. Según la Real Academia Española, la palabra piscina significa:“estanque destinado al baño, a la natación u otros ejercicios y deportes acuáticos.” Se han hallado imágenes en jeroglíficos en el interior de las pirámides de Egipto en las que aparecen construcciones similares a las piscinas actuales. El primer uso que se le dio al término piscinas fue para nombrar a los pozos para peces. Con la llegada del cristianismo se utilizó para nombrar a la pila bautismal. Actualmente la palabra piscina tiene connotaciones positivas asociadas a la diversión, el relax y salud. El mundo de las piscinas esta continuamente aumentando, debido a las ventajas con la que cuentan y la satisfacción que produce a sus propietarios.

domingo, 26 de agosto de 2012

ASCENSOR

Sin el invento de la polea, en la Antigüedad, y ciertas aplicaciones de la energía hidráulica, en la Edad Media, no hubiera sido posible el ascensor. La idea es antigua, pero su aplicación es relativamente moderna. Parece que el primer ascensor fue construido en el palacio de Versalles para uso privado de Luis XV. El monarca habitaba aposentos del primer piso, o planta noble, y utilizaba el ascensor para visitar a sus diversas amantes instaladas en las plantas superiores, sin ser visto en escaleras y salones. Entre las queridas del rey, la primera en utilizar el ascensor fue Madame de Châteauroux, en 1743. El sistema era sencillo: una serie de contrapesos de fácil manejo. El rey estaba encantado, y decía: "No está mal Que al cielo suba uno en tan ligero vuelo", refiriéndose a sus visitas nocturnas a los aposentos de sus damas, porque subía al cielo como los ángeles para encontrarse en los brazos de sus amantes. Pero el ascensor de Luis XV no era mecánico. El primero que hubo de esta índole tardó en construirse. Lo fue en 1829, en Londres. Tenía capacidad para diez personas, y se trataba más de una atracción de feria que de un asunto serio. Se instaló en el Coliseum londinense, en el famoso Regent's Park; allí, un vocero anunciaba sus excelencias, y cómo desde lo alto podría contemplarse el panorama de la ciudad. No era un ascensor convencional, sino un reclamo turístico más. El primer uso público del ascensor como tal tuvo lugar en Nueva York, un día veintitres de marzo de 1857. Lo construyó Elias Otis, su inventor, para unas grandes almacenes de cinco plantas. El ascensor de Otis, como se dió en llamarlo, tenía una particularidad importante: estaba equipado con dispositivo de seguridad que frenaba la cabina en caso de caida fortuita. Bajo el lema "Señores: seguridad absoluta", el señor Otis hacía demostraciones de su sistema de frenado automático. Montaba la gente en la cabina y cuando se encontraban por el tercer piso la dejaba caer para comprobar lo eficaz de su dispositivo. Entre gritos de histeria, ataques de nervios y toda la gama de expresividad humana para expresar el terror, se podía escuchar la carcajada bondadosa y conciliadora de Mister Otis, su lema: "Señores, seguridad absoluta...", cuando lo presentaba en el Crystal Palace de la Exposición Universal de Nueva York, en 1853, ante la acogida entre temerosa y valiente de quienes se atrevían a viajar en el novedoso artilugio. La presentación en sociedad del ascensor fue, pues, bastante teatral. Su inventor montaba en él y se dejaba caer desde una altura considerable, ordenando que cortaran el cable, con asombro y pasmo de la multitud incrédula que pensaba que aquel hombre estaba loco o era un suicida. Todos esperaban que sucediera una catástrofe, pero el dispositivo de seguridad funcionaba a su debido tiempo, y Mister Otis llegaba al suelo sin novedad, ante aplausos admirativos de todos. Otis agitaba triunfalmente su gran sombrero de copa y saludaba con aspavientos circenses, para volver a empezar. Se trataba del triunfo de finitivo del ascensor y del montacargas, que también él había inventado e instalado en fábricas de camas americanas. Tras los experimentos y logros de Elias Otis, otras mejoras fueron haciendo del ascensor un objeto de uso común. En 1889 el francés Leon Edoux instaló en la Torre Eiffel de París un gran ascensor con capacidad para recorrer ciento sesenta metros de carrera ascendente. El mismo Edoux había instalado antes, en 1887, dos ascensores de pistones hidráulicos de veintiún metros de altura en la Exposición de París. Y aquel mismo año, una firma alemana, Siemens, construyó el primer ascensor eléctrico que era capaz de viajar a una velocidad de dos metros por segundo. Contrastaban estos adelantos prodigiosos, según criterio de la época, con los lentos armatostes que otro francés, Velayer, armaba por los años de 1830, los ascensores por contrapesas, como los que utilizara Luis XV. Sin el sistema empleado por Elias Otis no hubiera sido posible construir edificios de más de cinco pisos, máximo permitido en la época. Así, gracias a él. en 1907 se construyó el rascacielos Singer, en Nueva York, de más de cuarenta pisos, y en 1932 se emprendió la instalación de ascensores rápidos en el representativo edificio neoyorquino del Empire State. Sin embargo, el pobre señor Otis murió en la miseria, y olvidado, en un lugar triste y mísero de Manhattan, área urbana que de no haber sido por su invención no hubiera podido crecer hacia arriba, como lo hizo, convirtiéndose en una ciudad vertical. Cierta cancioncilla neoyorquina, un tanto irreverente hacia su figura, dice así: Mister Otis went to heavens, mister Otis went to hell, in an elevator's cabin seems to all that he did this. Lo que traducido al castellano, sería: "El señor Otis se fue al cielo; el señor Otis, fue al infierno; a todos parece que él hizo esto viajando en la cabina de un ascensor".