lunes, 9 de julio de 2012
LA HISTORIA DE LAS SALSAS
El término castellano "salsa" data del siglo XII; pero en aquella época no significaba sino "lugar lleno de sal". Como aderezo para las comidas, a modo de composición líquida, el término se empleaba en el año 1400 en Castilla; y en el siglo XVI, como documenta más tarde S. de Covarrubias en su Tesoro de la Lengua Castellana, la salsa era una especie de "caldillo espeso con que se come la carne para despertar el apetito"; al ser su ingrediente básico la sal, se le llamó salsa. Pero de hecho se trata de una receta culinaria muy antigua.
Tres cosas admiraban de España las culturas grecolatinas: las bailarinas gaditanas; los soldados ibéricos..., y las salsas de Hesperia: el famoso garon que acompañaba a carnes y legumbres. Se trataba de una mezcla en la que entraban a formar parte el aceite, el vino, el vinagre y el agua,entre otros elementos. Existen recetas que indican cómo se empleaba. Así, un cocinero romano de origen hispano, Martialis, escribe hace dos mil años: "Disuelve la yema que nada en el blanco de la clara en la salsa de pescado de mi tierra, y podrás digerir cualquier manjar por malo que fuere". Se trata del producto que Plinio, en su Historia Natural denomina garum, y del que dice que se obtiene "del pez escombro en las pesquerías de Cartago Spartaria". Esta salsa acompañaba todo tipo de comidas a modo de aderezo o condimento, y se solía mezclar, como muestra la receta mencionada, con vino, vinagre y aceite. Pero había también otras salsas en la Hispania antigua, hechas a base de los
intestinos, hipogastrios, fauces y garganta del atún o la murena, del esturión o el escombro, todo lo cual se dejaba en salmuera y al sol durante un par de meses. El producto resultante era una salsa que estimulaba el apetito a modo de entremés o aperitivo moderno, en forma de pasta parecida a la actual de anchoa. El garón que describen los historiadores latinos del siglo I, era ya conocido por los atenienses del siglo V antes de Cristo, Que lo importaban de las colonias fenicias del Sur de la Península Ibérica. Los autores clásicos del mundo griego citan a menudo este producto en sus comedias.
Pero los romanos no eran unos advenedizos en el mundo de las salsas. En el año 300 antes de la Era Cristiana ya consumían el liquamen, cuya receta era parecida a las del resto del mundo mediterráneo: vinagre, aceite, pimienta y una pasta de anchoas secas. Se utilizaba para mejorar los sabores de las comidas, y fue enormemente popular.
La caída del Imperio romano, y el subsiguiente hundimiento del Mundo Antiguo llevó consigo el olvido y el fin de una tradición gastronómica importante. La vida se tornó austera, sombría y mezquina, lo que unido a la inseguridad de los tiempos y la generalización de la miseria convirtió la comida en una obligación más que en el placer que fuera antaño. Es cierto que el comercio de especias durante la Edad Media supuso un intento por paliar el mal estado de las carnes o la inexperiencia de los cocineros. Pero el caso fue que productos refinados, como las salsas, casi se extinguieron, perdiéndose la memoria de muchas exquisiteces elaboradas a lo largo de siglos. Sólo se conservó lo más elemental, la esencia mediterránea: la mezcla de aceite, vinagre, agua y sal que se echaba sobre las ensaladas.
A partir del Renacimiento la buena mesa recobró la perdida importancia, recuperó categoría, siendo entonces considerado, el buen comer, como un arte más que no debía desconocer el caballero. La cocina llegó a considerarse como acto de civilización y cultura refinada. Los cocineros de la realeza, de la nobleza y de la pujante burguesía competían ahora por agradar a sus señores con bocados novedosos, y con salsas sorprendentes. Fruto de aquella experimentación culinaria fue una serie de nuevos logros en ese campo.
En 1690 los chinos habían creado una salsa picante para acompañar el pescado y la caza: el ketsiap, que poco después, en 1748, se convirtió en el famoso ketchup europeo, ya que lo hicieron suyo los marinos ingleses que se aficionaron al producto en el archipiélago malayo a principios del siglo XVIII. Tardaría medio siglo en aceptar, entre sus ingredientes el que más tarde sería el más famoso de todos: el tomate. Con anterioridad, esta salsa se elaboraba a base de nueces, setas y pepinos. Tan popular se hizo que una ama de casa inglesa, metida a escritora improvisada, la señora Harris, recomendaba a todas las mujeres de su tiempo con obligaciones domésticas cocineriles "no carecer nunca de tan útil condimento"; y el gran novelista Charles Dickens habla del producto en cuestión en su novela Barnaby Rudge; también menciona el kechap en su famoso poema Beppo Lord Byron. El producto, como hoy lo conocemos, fue cosa del norteamericano Henry Heinz, quien se dio cuenta de que la
estrella de esta salsa tenía que ser el tomate, incorporándolo al existente mejunje en 1876. Pero ya antes, hacia 1790, en Nueva Inglaterra (Estados Unidos) se había experimentado con aquella posibilidad. No pudo ser antes, ya que hasta aquella fecha el tomate era considerado como potente veneno. Dos años después, en 1792, aparece ya una receta en la que el tomate se incorpora al llamado catsup, fue en el libro de Richard Brigg The New Arte of Cookery. Pero la aceptación del tomate fue lenta, y le costó abrirse camino. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando empezó a generalizarse su empleo. De esa época es un famoso libro de recetas, el de Isabel Beeton, donde aconseja "este aromático ingrediente" como parte de las salsas que pretendan ser dignas de la mesa de un gran señor. Con el triunfo de la hamburguesa esta salsa aseguró su futuro de forma definitiva.
Para Luis XIV de Francia creó su cocinero y mayordomo, Luis de Béchamel, en el año 1700, la salsa que llevaria su nombre. Y para el disoluto Jorge IV de Inglaterra creó su jefe de cocina, Brand, una salsa especial que el monarca, al saborearla, calificó con una nota máxima, y la llamó "A-1", es decir, verdaderamente excepcional. Era una salsa para carnes; como también lo era la salsa que se trajo de la India Marcus Sandys, señor de Worcester, cuyo nombre último lleva. Se trataba de una salsa picante, mezcla secreta de especias. Empezó una carrera de rivalidades en busca de la salsa más exótica, de los sabores más nuevos y estimulantes, de los hallazgos salsísticos más espectaculares. A partir de entonces, el invento de salsas se disparó. Desde la famosa mahonesa hasta la de tabasco, capricho del rico banquero de Lousiana Edmund Mc Ihenny. ¿Su secreto...?: la guindilla de la especie capsicum, que unida al vinagre y la sal se convertía en un líquido endiabladamente picante que revolucionó el mundo de las salsas a finales del siglo XIX.
En cuanto a la salsa mahonesa, típicamente española, todos sabemos que está elaborada con yema de huevo y aceite de oliva. Es originaria de la ciudad balear de Mahón, y a finales del siglo XVII ya estaba muy implantada en la cocina mediterránea. Su nombre fue debido a un hecho fortuito: a mediados del siglo XVIll la probó el duque de Richelieu en el puerto de Mahón, y tanto le gustó que decidió llevarla a Francia y servirla en sus banquetes. Esto motivó que en poco tiempo fuera conocida, la mahonesa, entre la nobleza y burguesía del país vecino, donde se la consideró una verdadera delicatess. Richelieu había tomado el puerto de Mahón en el verano de 1756, y celebrado un festín en su puerto. El caballero en cuestión era un gran comedor, un auténtico gourmet, y buen cocinero él mismo. Le sirvieron, entre otros manjares locales, la famosa salsa, cuya receta pidió en seguida, llevándola consigo a Francia, como hemos dicho. Luego, el chovinismo propio de aquel país hizo creer que
la salsa era francesa. Se forjó en torno suyo una historia que se remontaba al siglo XVI, al año de 1589, en que el duque de Mayenne la habría inventado. No contentos con esto, otros franceses hablaron de la ciudad de Bayona como cuna de la famosa salsa. De todas estas veleidades histórico-filológicas surgió la confusión que todavía dura, llamándosela de las distintas maneras que todos conocemos: bayonesa, bahonesa, mayonesa..., siendo su nombre propio y natural el que deriva de la ciudad de Mahón, que la vio nacer.
La mahonesa tuvo una vida un tanto particular y minoritaria hasta la invención de la licuadora eléctrica, que simplificó su preparación abaratando enormemente el producto, que pudo ser envasado de forma práctica y económica para su distribución comercial. En este campo jugó un papel importante el alemán Richard Hellman, propietario de una tienda de delicatessen en el barrio neoyorquino de Manhattan. Fue él quien se dio cuenta del inmenso mercado que aguardaba a aquel producto, y en 1912 empezó a venderlo envasado en botes de madera de una libra de peso. Poco después substituyó la madera por el envase de cristal, con lo que las ventas conocieron una sorprendente escalada. Su popularidad fue en aumento, pero a medida que esto pasaba no sólo caían los precios sino que la mahonesa perdía poco a poco el aire de manjar exclusivo y exótico que le había rodeado antes. Ello fue así porque comenzó a ser utilizado masivamente en bocadillos y en alimentos preparados en cadenas de comida
rápida, como las hamburgueserías. Pero con su acogida por parte del pueblo llano la mahonesa escaló mercados inmensos, y aseguró su futuro. Le había sucedido lo mismo que al catsup: un paso por la plebe lo había catapultado a la fama.
sábado, 7 de julio de 2012
HASTA SIEMPRE CD MÓSTOLES!
Aún tu cuerpo está presente. Tu espíritu vaga por las gradas desiertas. Esas gradas que un día estaban pobladas de color azúl celeste. Esa grada que empujaba, esa grada que gritaba y esa grada que sufría.
57 años de edad y por culpa de dos inéptos, te han matado.
Ayer 6 de Julio, se hacía oficial la noticia de la muerte de mi querido CLUB DEPORTIVO MÓSTOLES.
Tu lápida, mi bandera azúl.
Solamente tengo palabras de gratitud para un equipo de fútbol que nos ha hecho soñar tantas veces y sufrir otras tantas.
Aún recuerdo cuando entré a trabajar y descubrí todas tus entrañas. Ese sentimiento azúl. Para mí fué como si hubiese empezado a trabajar en el mejor club del mundo. ESTABA SATISFECHO. Era mi objetivo y lo logré.
Tengo tantas cosas que te quiero decir, y pocas las que me salen. No sé si por la falta de inspiración o por que aún no me lo creo. Tal vez en breve, haga otro post recordándo todo lo vivido en ese club que: ANTONIO BAENA VERGARA se cargó y PEDRO MUÑÓZ puso la puntilla y la estocada a su maltrecho corazón.
Hoy ya no late por tus venas esa sangre azúl que un día recorrió. Tu corazón ya no galopa por los campos de Madrid y fuera de él. Pero aún tu nombre resonará y mientras nadie olvide tu nombre, algo de tí seguirá vivo.
Esperemos que pronto Móstoles tenga un nuevo equipo de fútbol, que transmita los valores y emociones del desaparecido CD MÓSTOLES, que nos represente a todos y no sea un negocio especuLativo como otros equipos que hay en la ciudad.
Hoy solo me quedan ganas de decirle al viejo CD Móstoles, que marche en paz, que le recordaremos toda la vida aonque haya un nuevo equipo, que gracias por todo lo que nos ha dado a muchos y que ya que estarás jugando en la liga del cielo, seas campeón!
!HASTA SIEMPRE CLUB DEPORTIVO MÓSTOLES!
viernes, 6 de julio de 2012
EL LÁPIZ Y SU HISTORIA
Cuando en el año 3000 antes de Cristo se abrieron en Egipto los primeros salones de belleza, la cosmética, palabra griega que significa "decoración", tenía tras de sí varios milenios. El hombre ha tratado de mejorar su aspecto externo desde hace ocho mil años. Esa antigüedad tienen unas paletas para moler y mezclar polvos para la cara y pintura para los ojos y labios. Al parecer, todo empezó siendo un simple rito religioso y guerrero, que no tardó en evolucionar hacia la estética. Con ese fin se empleó en Egipto, donde el arte del maquillaje llegó a las cotas más altas de la Historia. De hecho, la primera moda, entendiendo por tal el influjo sobre gran parte de la población de una manera determinada de hacer las cosas, fue la moda egipcia del maquillaje. Cuando mucho después, en el siglo I antes de Cristo, Cleopatra, reina de Egipto, escribe su famoso manual de cosmética, no hizo otra cosa que recoger los cientos de recetas donde se concentraba el saber del viejo Egipto en
lo que atañía a coloretes, cremas, pastas y perfumes. Como miles de años antes que ella, la desdichada reina de Egipto, amante de Julio César y de Marco Antonio, se sombreaba los ojos en tonos verdes; se pintaba los labios de negro con reflejos azulados; se daba color de tonos rojizos en manos y pies; las venillas de los pechos, siempre al descubierto, se señalaban con azul mientras se daba a los pezones una capita de oro. Tanto en la vida como en la muerte, los cosméticos fueron una obsesión. Las cosmetólogas egipcias de la Antigüedad tenían remedio para todo lo relacionado con los problemas de la piel. Las manchas en la cara se trataban con una mascarilla preparada a base de cera, aceite, estiércol de gacela o de cocodrilo y hojas de enebro molidas, todo ello mezclado con leche fresca, y aromatizado con incienso. La inquietud femenina por paliar los estragos que causa el paso del tiempo en el rostro, recurrió desde edad temprana a todo tipo de remedios. No está lejos la
época en que se recomendaba usar rodajas de pepino, o bolsas humedecidas con infusión de té para los ojos, o mascarillas de belleza a base de miel, áloe y otras plantas aromáticas.
Entre la recetas extravagantes utilizadas a lo largo de la Historia de la cosmética, en Oriente, a fin de revitalizar la piel ajada y devolverle su tersura, se recomendaba: "Falo de buey y vulva de ternera, a partes iguales, debidamente secados y molidos". Resulta curioso que aquella milenaria receta coincida con la actual, para el mismo fin, de "inyecciones de células de feto de ternera".
En una tumba real de la ciudad de Ur, en el Irak actual, se halló una barrita de labios dentro de un estuche que incluía todo lo necesario para la manicura. No pertenecía a una mujer, sino a un hombre: un sacerdote que vivió hace más de cuatro mil años. Sin embargo, el pintalabios es todavía más antiguo. Debió nacer en China, hace alrededor de seis mil años. La costumbre de pintar los labios, la cara y el cuerpo estuvo conectada, en la Antigüedad, con un significado religioso, heredero tal vez de usos anteriores practicados por el hombre del Neolítico, que vinculó estas prácticas con la magia.
Las primeras noticias históricas relacionadas con el pintalabios proceden del Egipto pre-faraónico, y tienen más de cinco mil años. Del año 3750 antes de Cristo son ciertos grabados y dibujos en los que ya se aprecia la costumbre. En aquella exquisita civilización, en la que tan importante fue la cosmética, nadie era enterrado sin sus útiles y substancias de adorno corporal. Así, cuando en 1920 el arqueólogo inglés H. Carter abrió la tumba de Tutankamon, que reinó hacia el año 1350 antes de Cristo, encontró gran variedad de jarritas con crema para la piel, distintos lápices de labios y colorete para las mejillas. Todavía conservaban su fragancia los perfumes y ungüentos, a pesar de los más de tres mil años transcurridos.
Desde entonces, hasta la época de Cleopatra, año 50 antes de nuestra Era, hombres y mujeres de la casta sacerdotal, la nobleza y el entorno del faraón se pintaron los labios de un color rojo pálido.
También entre los antiguos pobladores de España, los iberos, existía esa costumbre, reservada tal vez a la clase sacerdotal. Tanto la Dama de Elche como la de Baza estuvieron pintadas en su tiempo, y sus labios fueron rojos como el carmín..., y no se trataba seguramente de damas..., sino de sacerdotes. También los reyes de la antigua Media, en la vieja Persia, Irán actual, eran muy aficionados a pintarse los labios. Al rey Astiajes, cuentan los historiadores griegos, le gustaba pintárselos, y gustaba de acicalarse con rayas de lápiz de color debajo de los ojos, y daba carmín a su cara, e incluso se colocaba una llamativa peluca. No es que el rey en cuestión fuera un individuo equívoco: era la moda de su tiempo, y su status regio se lo exigía.
Griegos y romanos siguieron los dictados de la moda de su tiempo aunque por lo general el uso del pintalabios cedió. Al parecer era una de las cosas que los diferenciaba de los pueblos medio-orientales. Pero aunque la cultura griega fue más parca, en los medios cortesanos no se entendía un banquete sin uso profuso de perfumes y bálsamos. Los comensales se sentaban a la mesa con el cuerpo perfumado y el pelo teñido. Se rociaba la estancia dejando que cuatro palomas impregnadas en perfume esparcieran en su vuelo el aroma sobre las cabezas de los comensales. Cada parte del cuerpo tenía su propio tratamiento: para los brazos, la menta; aceite de palmera, para el pecho; codos y rodillas se untaban con esencia de hiedra; las cejas se frotaban con pomada de almoraduj o sándalo y mejorana. Y tras las comidas copiosas y especiadas se mantenía en la boca ciertos líquidos balsámicos con los que se hacían unas ligeras gárgaras para evitar el mal aliento posterior.
Los romanos, por su parte, sucumbieron al embrujo oriental, al gusto exacerbado por los cosméticos. Los soldados de sus legiones regresaban a Roma cargados de potingues: perfume indio; cosmético egipcio; tintura para el pelo, hecha a base de polvillo de oro, polen amarillo y harina dorada; coloreaban sus mejillas con carmín, y disimulaban las arrugas de la cara con una pasta hecha a base de mandrágora. De España llevaban el minio y el bermellón, para elaborar cosméticos colorantes, y se recurría a substancias exóticas. El tocador de una dama romana era mucho más sofisticado que el de la más exigente actriz de Hollywood. El rito del maquillaje era como sigue: la dama, que se levantaba de la cama al medio día, se frotaba las manos, los brazos y el rostro con helenium, pomada olorosa que servía de base; tras esto, se lavaba el cuerpo con jabón de harina de habas y un producto extraido de la piel de la oveja. Daba brillo al rostro con el áloe, y empastaba los antebrazos y la
garganta con jabón de las Galias y grasa de cabrito. Llamaba a sus esclavas para que entraran a peinarla y hacerle la manicura, la pedicura y el perfumado en las zonas íntimas. Tras esto, como toque final, se impregnaba el vestido con perfume de rosas, y ya estaba lista para reanudar su actividad social, y reinar en el ocio de aquel dolcefar niente.
No estaba exenta de peligro, la práctica de la cosmética. Desde la Antigüedad resaltar la belleza llevaba consigo el riesgo de envenenamiento. Ello fue así debido a los productos utilizados. Cuando una mujer griega se empolvaba la cara para dotarla de palidez, o la mujer romana se daba colorete a las mejillas, podían verse afectadas de parálisis, ya que los productos antiguos se basaban en el plomo blanco y el plomo rojo. Pero todo se sufría con tal de mostrarse en público con la imagen deseada. Incluso en el Renacimiento, pasada ya la Edad Media, las mujeres italianas aplicaban a sus ojos, a fin de darles inusitado brillo, gotas de belladona, costumbre cosmética que acarreaba la ceguera. Y entre los componentes del colorete, se empleó, en los Siglos de Oro, un veneno activísimo: el cloruro de mercurio.
En la España de tiempos de Cervantes, entre los siglos XVI y XVII, las mujeres se pintaban los labios con una pomada perfumada, algo dura, que se coloreaba con jugo de uva negra, y zumo de orcaneta, planta de cuya raíz se obtenía una substancia roja que también usaban los confiteros para dar color a los dulces. Esta pasta se adhería a los labios como pintura, y no dejaba huella al besar. Pero por lo general, aunque la costumbre estaba extendida, se criticó a quien la llevaba a la práctica. De ello da fé el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, primer diccionario enciclopédico que hubo en Europa, de Sebastián de Covarrubias, quien en los primeros años del siglo XVII escribe al respecto de los afeites que las mujeres usan, entre ellos la pintura de labios: "El adereço que se ponen las mujeres en la cara, manos y pecho para parecer blancas y roxas, aunque sean negras y descoloridas, desmintiendo a la naturaleza, y queriendo salir con lo imposible se pretenden mudar el pellejo es vana pretensión (...), pues pensando engañar se engañan, porque es cosa muy conocida y aborrecida que el afeite causa un mal olor y pone asco, y al cabo es ocasión de que se hagan en breve tiempo viejas, pues les come el lustre de la cara y causa arrugas en ella, destruye los dientes y engendra un mal olor de boca. Es una mentira muy conocida, y una hipocresía mal disimulada".
Más tarde aparecieron las ceras o ceratos en una mezcla cosmética en la que el aceite era ingrediente principal: la famosa pomada Rosat, que también servía para proteger los labios de los agrietamientos que causaba el frío.
Pero no fue hasta principios del siglo XX, con la ayuda de la ciencia química, cuando surgiría un lápiz de labios eficaz y definitivo. Nacieron las barritas de carmín que se amoldaban con facilidad y no entrañaban peligro alguno para la mucosa bucal. Y en 1926 apareció el llamado "beso rojo", o rouge baiser, como lo denominó su inventor, el francés Paul Baudecroux. Era un carmín indeleble que él creó a requerimiento de una amiga. Desde entonces, la estimulante huella de los labios femeninos se ha posado sobre vasos y cigarrillos, camisas y mejillas, cartas y corazones..., dándole a la vida, en palabras del poeta, "el colorido breve y fugaz del amor".
jueves, 5 de julio de 2012
SOMOS EL FÚTBOL MODESTO
hola a todos. hace unos pocos días un periodísta deportivo, contactó conmigo para hacernos una entrevista a mi hermano y a mi y publicarla en su blog. Un blog que habla del fútbol modesto en la comunidad de Madrid.
Mi hermano y yo como sabéis hemos sido parte de ese fútbol modesto no a la hora de jugar sinó a la hora de participar activamente animando a nuestor querido CD MÓSTOLES y yo de masajista deportivo en sus categorías inferiores.
He aquí la dirección del blog y la entrevista realizada por FERNANDO ESCOBAR:
http://somoselfutbolmodesto.blogspot.com.es/
Desde estas líneas agradezco la atención de Fernando y por haberse involucrado tanto en esta historia. Y a toda la gente que la conoce GRACIAS!
Se llaman David y Rafa, son hermanos y amantes del fútbol modesto. Animan, se emocionan y sufren como otros aficionados con el equipo de su alma, que no es otro que el CD.Móstoles.
David y Rafa llevan mucho tiempo siguiendo a los azulones y contemplan con tristeza cómo un club histórico de nuestra Comunidad, ha descendido de categoría y no tiene en estos momentos nada claro su futuro.
David y Rafa tienen una historia bonita, pues son dos chicos con deficiencia visual. En esta entrevista nuestros protagonistas, entre otros asuntos, nos cuenten cómo se las apañan para "ver" un partido de fútbol, qué hacen en las jugadas dudosas y qué opinan del nivel de accesibilidad para personas con alguna discapacidad en los campos madrileños.
¿De dónde os viene vuestra afición por el fútbol modesto?
Rafael: Gracias a la ciudad donde vivía, Móstoles. Bajé una vez al Soto y me gustó tanto que me aficioné.
David: A mí, me lo inculcó mi hermano que fue quién bajó primero y me dijo que estaba genial y que era una experiencia increíble y que jugaba el equipo de nuestro “pueblo”.Sólo por eso último, me aficioné.
¿Qué os aporta el fútbol a vuestras vidas?
D: La verdad es que es un deporte que nos gusta mucho. La radio ha sido una parte fundamental en que nos guste tanto el fútbol.
R: Me aporta entretenimiento. Es una pasión que puedo compaginar con la otra pasión de mi vida, que es la radio. Conduzco un programa de deportes en una emisora de radio que emite por Internet (www.radioraton.com)
Con el nivel de visión que tenéis, ¿Cómo os apañáis para poder seguir el partido en el campo?
R: Gracias a las narraciones de la radio y de los comentarios que hace la gente a nuestro alrededor. Además, escuchando por qué parte del terreno de juego circula el balón.
D: Gracias en parte a mi visión que, por fortuna, aún conservo. Me ayudo de un catalejo o prismáticos para poder acercar la imagen que está sucediendo en el terreno de juego.
¿Soléis preguntar a los aficionados que tenéis al lado en las jugadas dudosas?
D: Sí la verdad es que si surge alguna duda solemos preguntar a la gente. En su mayoría lo hace de buen agrado y en general hay buenos narradores.
R: Suelo preguntar a mi hermano y si por lo que sea se le escapa alguna jugada u ocasión, me ayudo de la gente que está alrededor, además de la radio. Y sí que suelen ser buenos narradores.
¿Qué significa para vosotros la radio?
R: Todo. Voces amigas, gente que aprecias, un compañero inseparable ¡NO AL FÚTBOL SIN RADIO!
D: La verdad es que la radio hace mucho. No sólo por la gente que está en casa y no lo puede ver, si no por los muchos ciegos que nos gusta el fútbol que, al no poderlo ver ni en tv ni en el estadio, es un gran apoyo.
¿Qué importancia tiene en vuestro caso, todo lo que rodea al partido? Me refiero al ambiente en la grada, olores, sonidos….
D: Muchísima. Nosotros cuando entramos al campo de fútbol, solemos saber si está regado o no con los olores que nos llega. Sabemos si hay o no mucha gente en la grada por el sonido…
R: Mucha importancia. Si no fuera por los olores y sonidos que nos rodean sería como verlo sin emociónes.
¿Cuál ha sido el mejor momento que habéis vivido en un campo de futbol?
R: En mi caso, cuando fui a ver la final de la copa de Europa en París entre Real Madrid y Valencia. Eso quedará inmortalizado por siempre Y los ascensos del Móstoles a segunda B.
D: Para mí fue ver por primera vez a la tricampeona ESPAÑA en el Bernabéu y escuchar aquel ambiente. El himno en directo, los cánticos de la afición… impresionante!
¿Y el mejor recuerdo relacionado con el fútbol modesto?
D: En mi caso particular cuando fui a un torneo en Villaviciosa de Odón como masajista de un equipo de Móstoles (Castilla Antusana) y antendí a los muchachos que quieren ser futuros magos del balón. Es increíble.
R: En concreto el mío fue cuando viajé a Pontevedra con mi hermano, el Móstoles iba último y logró vencer al Pontevedra que era líder por 0-1.
¿Sois de los que os gusta criticar al árbitro o comprendéis que todo el mundo se puede equivocar?
R: Solemos criticar bastante la actuación arbitral porque algunos errores son de no saberse el reglamento.
D: Sí solemos ser muy críticos a la hora de ver un arbitraje. Alguna vez hemos mandado a la ONCE algún árbitro.
¿Cómo soléis ver los partidos, tranquilos u os puede la emoción y vivís los encuentros con intensidad?
D: Depende del encuentro, pero en líneas generales nos puede la emoción claramente.
R: Reconozco que en determinados partidos (Eurocopas, mundiales, ascensos de categoría…) sudo casi más que los jugadores: grito, me emociono, salto cuando estamos a punto de meter un gol…
¿Cuántos años habéis sido socios del Móstoles?
R: Fácilmente habrán sido 10 ó 12. Ya hemos perdido la cuenta.
D: Yo algo menos por que al ser más pequeño no iba tanto al fútbol. Pero fácilmente 5 años ó 6.
Además, fuisteis los primeros que gestionasteis la web del equipo. ¿Cómo surgió la idea?
D: Nos parecía una lástima que la mayoría de equipos de tercera tuviesen web y nuestro Móstoles no. Y pedimos permiso a la presidencia del club y nos dieron el ok. Asi que nos pusimos a trabajar en el proyecto con mucho sacrificio y esfuerzo e ilusión hasta que salió adelante.
R: Siempre nos ha gustado el mundo de Internet y queríamos hacer algo nuevo para el club. Y se nos ocurrió la idea de la página web y con la ayuda de algunas personas conseguimos que la web viese la luz.
Habéis seguido a vuestro equipo por los campos de la Comunidad, ¿Suelen estar bien comunicados para alguien que, como vosotros, utiliza el transporte público?
R: Hemos seguido al Móstoles, incluso fuera de la Comunidad. En cuanto a las comunicaciones con algunos estadios son bastante deficientes, la verdad, y manifiestamente mejorables.
D: Generalmente no están bien comunicados pero el amor hacia el Móstoles nos ha hecho romper siempre barreras y luchar.
¿Cómo calificáis el nivel de accesibilidad de los campos madrileños para los aficionados que puedan tener algún tipo de discapacidad?
D: Por lo general, malas, salvo honrosas excepciones. Hay campos que da gusto ir: como las ciudades deportivas de los filiales o campos modernos…
R: El nivel de accesibilidad suele ser muy bajo. Gradas muy inclinadas, estadios alejados de paradas de bus, metro o RENFE, accesos más señalizados…
¿Habéis hecho alguna amistad gracias al fútbol?
R: Sí, muchas. Hemos conocido a mucha gente con la que mantenemos el contacto, gracias a las redes sociales o visitando ocasionalmente sus ciudades.
D: Sí gracias a dios. Amistades que aún conservo gracias al CD Móstoles y otros equipos con los que he trabajado. Y en las gradas también se hacen amigos. Y algún que otro enemigo (los menos).
¿Cómo estáis viviendo la situación del CD Móstoles, el club de vuestros amores?
D: Muy mal la verdad. No nos esperábamos que fuese a ocurrir lo que ha ocurrido. Sabíamos que la situación provocada en gran parte por Pedro Muñóz era complicada pero, en ningún caso, la muerte del club. Una lástima.
R: Sabíamos que la situación era complicada con esta crisis, el fútbol modesto está viviendo momentos difíciles como todo el país. Pero nunca pensábamos que la gestión de una sola persona acabaría con las ilusiones de tanta gente.
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LA COCINA Y SU HISTORIA
SE que muchos de mis lectores estáis de vacaciónes y pro eso os pongo varios artículos al día. Si no es así, seguro que puedes con ellos por que son muy entretenidos.
La casa, y la civilización misma, nacieron en torno a la cocina. Ya en el Ne
olítico, la cocina se reducía a un agujero practicado en el suelo, donde se encendía el fuego. A su alrededor se alineaban los escasos utensilios: espetones, asadores de madera dura, varillas de caña para asar pescado, cuencos de piedra, morteros y almireces, cuchillos de pedernal y escudillas de madera, conchas de mar o de río utilizadas como rudimentarias cucharas. La vasija de barro empezó a elaborarse siete mil años antes de Cristo.
Los arqueólogos han desenterrado, en la Turquía asiática, península de Anatolia, una cocina del Neolítico en la que se encuentran piezas de cerámica, entre ellas unos cuencos desmontables, recipientes para el agua, tazas, copas, platos, fuentes e incluso un curioso calentador de comidas, a modo de infiernillo o cocinilla parecido al fondue.
Grecia y Roma, inventada la cerámica, aplicaron al mundo de la cocina nuevos materiales como el cobre o el hierro, aportaron la botella de vidrio, las jarras de madera y las copas de asta de toro..., amén de la riquísima cerámica decorada. Los griegos incorporaron, además, el invento del asador, y desarrollaron la industria de los utensilios de cocina. La cocina se amplió, convirtiéndose en un espacio grande, origen del salón, siendo hasta el siglo VIII de la era cristiana el centro de la vida familiar.
El asador giratorio fue una aportación medieval, o al menos experimentó un enorme auge en aquella edad, y no abandonó su protagonismo hasta tiempos relativamente recientes, ya que hasta hace doscientos años a nadie se le hubiera ocurrido asar la carne en el horno. El asador giratorio consistía en una rueda de madera, dispuesta en forma de noria, a la que se daba vueltas para que la pieza al fuego se asase de manera uniforme. Cuando no era posible atender el artefacto, se introducía un perro en el interior de la rueda, y éste, en su deseo de salir, daba vueltas al artilugio.
Momento importante en la historia de la cocina fue la introducción, en Inglaterra, de la entonces llamada "cocina económica", una cámara de ladrillo con orificios superficiales sobre los que descansaba la olla, calentada por el fuego que se albergaba debajo de ella. En 1630, el inglés John Sibthrope patentó una versión de la cocina , económica, que él hizo de metal, utilizando carbón como fuente de calor, en vez de leña.
La idea de un fuego cautivo, como lo llamaron los poetas, no gustó. Más tarde, el norteamericano-alemán Benjamin Thompson, que se hacía llamar Conde von , Rundford, ideó un sistema para calentar comidas más pequeño y manejable: el hervidor de vapor. Pero no consiguió su sueño de convertir el vapor en un medio generalizado de fuente de calor para la cocina. Quien lo conseguiría sería el forjador y herrero George Bodley, quien patentó una cocina de hierro forjado provista con chimenea de escape, prototipo para la cocina del siglo XX.
Paso importante en el avance y perfeccionamiento de la cocina lo dio en el estado norteamericano de Ohio, el clérigo P P Stewart, quien en 1834 patentó una "torre de cocinas independientes", fabricada en hierro, con varias repisas y horno. Funcionaba con leña. Pero tampoco esta cocina parecía terminar con los problemas del ama de casa corriente. Se necesitaba un sistema menos complicado, más limpio, y más barato, y que no ocupase tanto espacio. Un alemán dio con la clave, al inventar en 1855, para su laboratorio de química, una especie de mechero de gas cuya aplicación a la cocina tuvo gran acogida. Este invento de R. W. von Bunsen supuso la solución, su energía era limpia, no se requería gran espacio para almacenar combustible. Pero entrañaba un peligro: los escapes y explosiones. Sin embargo, hacia 1860 se impuso en los mercados, y la gente perdió el miedo. Tres décadas después se produciría la innovación más revolucionaria: la cocina eléctrica. Al principio, la poca
fiabilidad de los termostatos supuso una dificultad, ya que o bien quemaban la comida, o la dejaban medio cruda. Tenía además el inconveniente de la escasa implantación de la electricidad en las casas, careciendo gran número de ellas de enlaces con la red. Pero ya en 1890 no era difícil encontrar un hogar electrificado. En 1920 la cocina eléctrica se extendió notablemente, pero no había desbancado todavía al gas.
El siguiente salto cualitativo, o escalada final en el mundo de la cocina, sería el microondas, comercializado ya en la década de los 1940 por la fábrica estadounidense de electrodomésticos Raytheon Inc.; revolucionario sistema al que se uniría, más tarde, otro hallazgo extraordinario en el mundo de la cocina: la vitrocerámica , donde basta con dejar los alimentos sobre una superficie calórica para que el aparato haga el resto. La cocina ganó en adelantos técnicos, rapidez y perfección, pero perdió aquel clima grato, familiar y amable de tertulia y sala de reuniones para los seres queridos.
TODA LA CULTURA
Un portal de internet reúne toda la oferta cultural española
La oferta cultural española ya tiene un portal en internet
(www.españaescultura.es), que dará acceso a millones de fichas y permitirá a
los usuarios opciones tan curiosas como la confección de una ruta de viaje a
la carta.
La ministra de Cultura, Angeles González Sinde, presentó ayer en el Centro
de Arte Reina Sofía el portal España es Cultura-Spain is Culture , creado
con el objetivo de difundir la diversidad cultural del país tanto entre los
españoles como entre los extranjeros que quieran conocer España.
Con una innovadora tecnología, el nuevo portal ofrece un servicio de
contenidos directos, con herramientas que permiten personalizar la
información e interactuar con múltiples recursos culturales de navegación.
El portal incluye una agenda cultural ordenada en función del calendario y
las temporadas y del tipo de evento, Con versiones en castellano, catalán,
gallego, euskera, inglés y francés.
La ministra ha afirmado que la diversidad cultural española "la hace única",
y ha precisado que este portal será una herramienta útil tanto para el
público general como expertos que necesiten acceder a contenidos
cualificados.
Asimismo, proporciona la posibilidad de configurar rutas temáticas adaptadas
al tipo de turismo cultural que se quiera realizar, como el rupestre, de
arquitectura defensiva, monasterios o el románico palentino, entre otros.
A través del portal www.españaescultura.es se puede acceder a más de cinco
millones de fichas descriptivas de obras de arte y documentos y más de 24
millones de imágenes. De su volumen de información da idea la posibilidad de
acceder a más de 1.200 autores, mil obras de arte o 1.100 monumentos.
CORBATA
Corta en el tiempo, pero curiosa, es la historia de la corbata. Un escritor de la evolución del vestido y sus avatares, dice: "Los romanos llamaron vela focal a una forma de vela latina que pendía del palo más alto como un banderín en forma de corbata de color. De ahí derivó el foque, vela triangular que ondea sobre el bauprés. El diseño de la corbata estaba hecho; sólo faltaba aplicarlo".
Por otra parte, el focale de los romanos era una especie de bufanda que los legionarios enrollaban al cuello, dejándola caer nuez abajo, en forma de corbatín. Era una prenda funcional, ya que evitaba rozaduras, pero no tardó en descubrírsele su valor ornamental o decorativo. En cualquier caso, la corbata tiene orígenes militares. En 1600 se sabe que la utilizaban las tropas suecas, y medio siglo después era prenda en el atuendo militar de uno de los regimientos de Luis XIV de Francia: el regimiento croata, de donde le vino el nombre. Era un simple pañuelo de color, liado al cuello con gracia. En castellano existe la palabra "corbata" desde el año 1704, término que provenía del italiano crovatta, porque los jinetes croatas la llevaban no sólo al cuello sino también en la punta de sus lanzas. Y ya en el siglo XVII había alcanzado un importante punto de popularidad, estableciéndose incluso una ordenanza específica en la que se advertía que debía lucirse "bien ajustada,
metida bajo la chupa o retorcida y metida en un ojal de la casaca".
No era mal distintivo, la corbata. En cierto burdel madrileño, o casa llana, donde se daban cita hampones y matones, llamado "el berreadero o campo de pinos", de principios del siglo XIX, existía la consigna de distinguir a sus clientes habituales mediante una corbata con las puntas colgando..., muestra de que en el Madrid de 1800 la corbata no era prenda desconocida. También en Francia se utilizaba la prenda, tanto que un italiano, Esteban Demarelli, daba en París, en 1804, cursillos de seis días a nueve francos la hora. ¿Qué enseñaba Demarelli...?, nada menos que a hacer el nudo de la corbata a una clientela numerosa y selecta. Y en 1830, tanto en Francia como en España e Italia, los miembros de ateneos literarios, colegios, clubs privados y tertulias tenían la corbata como distintivo. Se trataba de corbatas a lo oriental, en forma de media luna, o corbatas a lo Lord Byron, de enorme nudo para la barbilla; corbatas en cascada y en surtidor; corbatas a la perezosa, a la
moda romántica; corbatas a la talma, e incluso a la rusa y al modo jesuita. Se escribían tratados y libros extensos acerca del arte de anudarse la corbata, complicado artificio, y se convirtió en materia de polémica la preferencia del satén almidonado que mantenía enhiestas las melenudas cabezas, a la hora de escoger un tejido ideal para su confección. Aparecían nuevas manías y supersticiones en torno a esta singular prenda del ornato personal. Llevar el nudo de la corbata torcido era signo nefasto de infidelidad conyugal, prueba inapelable de maridos engañados..., de allí la obstinación en llevarse los dedos a la nuez para asegurarse de que todo andaba bien a aquel respecto.
En tiendas de Europa y Norteamérica surgían comercios especializados en la corbata. Los establecimientos Cardinal, de Nueva York, presumían de poseer la más amplia gama y surtido: sólo vendían corbatas, claro, sin importar diseño ni material, porque los tenían todos; y todas costaban lo mismo, un dólar.
La corbata llegó a ser una obsesión de la moda romántica, e hizo estragos en Madrid y Barcelona, suponiendo en España su consagración. Barcelona se aficionó primero, como ciudad más parisina que Madrid. Por sus paseos deambulaban, en el siglo XIX, los elegantes con sus corbatas de grosella y pantalones lila claro. ¿Qué mágicos poderes tenía este nuevo talismán, que arremolinaba a su alrededor a los espíritus más selectos...? Y en torno a ella se suscitó el interés, y a su servicio se puso todo un mundo de accesorios para servir sus dictados: alfileres, pasadores, botones. La corbata era el centro de atención de modas menudas y selectas. Una cancioncilla de extracción popular, se expresaba así, un tanto achulada:
Con bastón y chistera, hasta las tantas, ¡ay quién pudiera...! cortejar a las mozas, y usar corbata "pa" no mostrar el cuello, que es cosa basta.
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